Las bibliotecas de todo el planeta celebraron el pasado miércoles 24 de octubre su día internacional. El mundo bibliotecario a día de hoy afronta uno de sus mayores retos tomando relevancia en la sociedad de la información. El acceso a la cultura y a la información en la mayoría de países desarrollados se ha hecho posible gracias al desarrollo y al progreso de las bibliotecas públicas aunque aun queda mucho por resolver.
En el arco mediterráneo la biblioteca sigue estando muy por detrás de los países nórdicos, los cuales, han sabido afrontar las dificultades económicas globales con mayor facilidad pero con mayores recursos, sobre todo, intelectuales. La capacidad de absorber información de un
profesional nórdico se refleja ya en su formación, pero no por su genética sino por su modelo social y educativo. Un ejemplo de ello se refleja en el artículo de Javier Melgarejo Draper Las claves del éxito de Finlandia en PISA: calidad y equidad, publicado en Revista Crítica, en donde afirma que “destaca la gran red de bibliotecas y dotaciones de las mismas. Dichas bibliotecas son muy accesibles a todos los ciudadanos, se encuentran conectadas entre ellas y con profesionales muy bien preparados”. Desgraciadamente, en los países mediterráneos, la mayoría de los profesionales de las bibliotecas carecen de formación universitaria propia y no en todos los lugares las bibliotecas son accesibles.
En Aragón, nos encontramos con una legislación que nos pide a gritos una actualización. La Ley de Bibliotecas del siglo pasado sigue siendo un referente caduco y apenas se ha cambiado, ni siquiera después de la primera promoción de titulados para ejercer en ella preparados por el Estado y con dinero de todos los ciudadanos.
La dimensión bibliotecaria ha cambiado totalmente; desde el contenido hasta su forma y la legislación se mantiene. Esta situación supone un atraso muy apreciable. Pero este atraso no solo afecta a este ámbito y la sociedad se percata de ello; y no logra progresar en una crisis profunda económica que tiene sus bases en la misma formación o acceso a la información que necesitan los ciudadanos en una sociedad tan globalizadamente competitiva. Nuestra mayor posibilidad no es ser autómata sino la capacidad de creación que nace a partir de la información.


